mié. Nov 14th, 2018

El elaborado engaño de las desapariciones voluntarias

¿Quién no ha deseado alguna vez desaparecer sin dejar huella, dejar todo atrás y comenzar una nueva vida en un lugar remoto?

Es posible que muchos hayan tenido un deseo fugaz, en un momento de desesperación, de borrar de un plumazo la historia de sus vidas. Pero del dicho al hecho hay mucho trecho.  Son pocos los que después de pensar por un momento las consecuencias de un acto tan radical intentan hacerlo.

Una desaparición es considerada voluntaria cuando la persona deliberadamente corta contacto con todos sus conocidos y no desea ser encontrada.

La tasa de desapariciones voluntarias exitosas es incierta porque el acto queda arropado en un halo de misterio. Los familiares viven para siempre con la duda del paradero de su ser querido. ¿Habrá muerto en un terrible accidente? ¿Habrá sido secuestrado? ¿Se vio obligado a huir o separarse de su familia por alguna razón desconocida?

El asunto ha llegado a ser tan popular que la página web WikiHow publicó una guía detallada sobre cómo desaparecer por completo pero advierte que puede haber serias implicaciones legales.  Si la persona desea hacerse el muerto para librarse de una deuda o cobrar una póliza de seguros seguro terminará en la cárcel.

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La publicación también recomienda llamar inmediatamente a las autoridades si lo que se intenta es escapar de una banda criminal, si el individuo es acosado o chantajeado. En caso de que las víctimas de abuso doméstico, también hay organizaciones especializadas en resguardar su integridad.

Los motivos detrás de las desapariciones voluntarias son muy diversos pero muchos de los que intentan hacer “borrón y cuenta nueva” tienen problemas financieros. Otros pierden el contacto con sus familiares debido a desequilibrios mentales o adicciones.

La madre desertora

Las desapariciones siempre dejan interrogantes abiertas y en ocasiones el artífice debe rendir cuentas personales y judiciales por sus actos.  Tal es el caso de Brenda Heist, quien se desvaneció en el estado de Pennsylvania en 2002 después de llevar a sus dos hijos al colegio.

Los investigadores que rastrearon sus últimos pasos determinaron que ese día Heist sacó del congelador la comida que prepararía para el almuerzo y puso a remojar una tanda de ropa en la lavadora.  Fue declarada legalmente muerta en 2010, luego de que la investigación se estancó en lo que parecía ser un callejón sin salida.

La ausencia de la madre de los niños de 8 y 12 años era tan inexplicable que su exesposo Lee Heist fue considerado como sospechoso debido a que la pareja se encontraba separada y en proceso de divorcio.

Pero la incógnita de su paradero se resolvió cuando Brenda Heist confesó su verdadera identidad al ser detenida por presentar una licencia de conducir robada en Cayo Hueso, en el sureño estado de Florida, a unos 2 mil kilómetros del lugar donde fue vista por última vez.

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Brenda Heist al momento de su aparición en 2013. (Foto: AP)

Entre sollozos la mujer relató que en el momento de su partida se encontraba en medio de un estado depresivo y lloraba en una plaza cercana a la escuela de sus hijos cuando dos hombres y una mujer sin hogar la convencieron de viajar haciendo ‘autostop’ hasta Florida.

La madre extraviada, quien al momento de su regreso lucía delgada, demacrada y con lesiones en la piel, aseguró que había vivido desamparada debajo de puentes y sacaba comida de la basura para alimentarse desde que se separó de su familia.

Pero una antigua empledora, Sondra Forrester, desmintió esa versión al señalar que Brenda vivió en su casa durante casi un año donde fue contratada bajo el nombre de Lovey Smith para realizar labores de limpieza y cuidar a sus hijos.

Brenda cumplió una condena de seis meses en el Condado de Santa Rosa, por falsificación, presentar una identificación falsa a un policía. Su hija, Morgan Heist, declaró que no deseaba verla nunca más y que esperaba que “se pudriera en el infierno”.

El novio de Olivia

La actriz australiana Olivia Newton-John vivió un drama digno de una película cuando su novio Patrick McDermott desapareció en junio de 2005 durante un viaje en velero por la costa californiana.

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Olivia Newton-John y Patrick McDermont antes de la extraña desaparición. (Foto: The Independent UK)

La menuda rubia con melodiosa voz que alcanzó la fama mundial con el fim Grease (Vaselina) que protagonizó junto a John Travolta movió cielo y tierra para encontrar a su pareja, un camarógrafo de origen coreano quien fue adoptado cuando era niño por una pareja de estadounidenses.

El caso nunca fue resuelto hasta que un equipo de detectives contratados de la cadena NBC comenzó a atar los cabos del misterio y detectó que la mayor parte de las búsquedas por internet sobre la desaparición de McDermont provenían de un pequeño pueblo mexicano cercano al resort vacacional de Puerto Vallarta.

Al indagar con más profundidad, los investigadores descubrieron que era el propio sujeto desaparecido el que buscaba desde un ordenador noticias sobre sí mismo.

En el momento en que se desvaneció de la embarcación McDermont debía una cuantiosa suma de dinero a su exesposa, la actriz Yvette Nipar, por la manutención de su hijo. En 2000, se había declarado en bancarrota con deudas que rondaban los 30 mil dólares.

Testigos que identificaron a McDermont en San Pancho, un pueblo costero del estado mexicano de Nayarit, aseguraron que no lo habían vuelto a ver desde que la prensa publicó que estaba vivo en México en marzo de 2016.

Pese a esos relatos y las numerosas informaciones sobre su aparición no hay videos ni fotos recientes de McDermont. Dicen que trabaja en un velero y por eso pasa largas temporadas fuera de la vista de curiosos.

Newton-John no ha hablado en público al respecto, pero su hija Chloe dijo que “no puede creer que esté vivo después de tanto tiempo”.

Los que nunca vuelven

En 2015, unas 600 personas fueron reportadas oficialmente como desaparecidas en Costa Rica. Por fortuna, 6 de cada 10 de esas personas son encontradas por el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) de esa nación centroamericana.

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Nicolle Arce Campo, 14 años, desaparecida el 29/04/2016 en Santa Marta, San Francisco de Dos Ríos, Costa Rica. (Foto: Organismo de Investigación Judicia).

Pero un dato escalofriante es que las otras 4 personas extraviadas nunca aparecen.Sólo el año pasado, en Costa Rica, esa cifra sumó 179 ciudadanos que se desvanecieron sin dejar huella. En Estados Unidos, el número asciende a los 85 mil. Aunque no se descarta la posibilidad de que esas personas hayan decidido desvanecerse sin rastro, las autoridades también contemplan la hipótesis de que se trata de desapariciones forzadas.

La OIJ publica en su página web fotos, datos personales y algunos detalles de los desaparecidos más recientes. La herramienta informática permite buscar en la base de datos del organismo o dar pistas anónimas sobre los casos.

Con sólo mirar la lista, llama la atención que decenas de jóvenes menores de edad engrosan las listas de los que no han vuelto. Y lo peor es que las autoridades creen que podrían ser víctimas de organizaciones criminales de trata de personas, que se valen del engaño para la explotación laboral, sexual, el matrimonio servil o la extracción ilícita de órganos, según un informe de 2013 del ente costarricense.

En definitiva, tampoco cambia si se trata de una desaparición voluntaria, pues esto no es un acto lúdico. Es una decisión con consecuencias potencialmente devastadoras para los artífices y sus familiares.

Y lo peor: los desaparecidos quedan en un limbo en el que no están vivos ni muertos para sus familiares. No hay cierres ni despedidas.

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