mié. Nov 14th, 2018

Industria porno sigue ganando dinero con videos de actrices muertas

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN EL SERVICIO DE NOTICIAS DE YAHOO EN ESPAÑOL

Los sitios web para adultos siguen facturando ganancias con la imagen de las cinco actrices porno fallecidas recientemente, con miles de vistas diarias y nuevas ediciones de las escenas que las mujeres grabaron en vida.

Las interrogantes de algunos críticos sobre los cuidados que la industria del cine para adultos ofrece a sus artistas luego de las muertes por sobredosis de drogas, suicidios e infecciones de las cinco actrices aún no han sido respondidas. Pero las imágenes eróticas de Shyla Stylez, Yuri Luv, Olivia Nova, Olivia Lua y August Ames continúan generando contenido y visitas en las poderosas plataformas tecnológicas del video porno.

Stylez, quien murió a los 35 años en noviembre, mejoró su ranking entre las actrices eróticas más populares, al pasar del puesto 125 en 2017 al 92 en enero de 2018. Las estadísticas de PornHub registraron 213.623.865 reproducciones de los videos de la popular actriz.

La primera semana de febrero estaban disponibles 738 videos de Ames, la canadiense de 23 años que se suicidó colgándose de un árbol en un parque de California y que para el momento de su muerte en diciembre de 2017 era la tercera actriz porno mas cotizada en internet.

El sitio web PornHub publica anualmente las estadísticas de su plataforma de videos para adultos.

El avance más acelerado lo registró Olivia Nova, la joven de 20 años que murió sola en su apartamento de una infección de las vías urinarias, quien pasó del escalafón 133 en diciembre al tercer puesto en enero de 2018.

Los videos de las actrices fallecidas muestran mujeres aparentemente saludables, sonrientes, que reciben y dan placer a través de sus experiencias sexuales, aunque sus muertes prematuras parecieran contar otra historia.

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Rubi, una célebre estrella porno retirada, opinó que a la industria le importa poco si las actrices están vivas o muertas. “De hecho, probablemente seré un poco dura aquí pero esto es cierto: ellos nos prefieren muertas porque pueden hacer dinero de nosotras para siempre”, declaró en una entrevista a la revista Rolling Stone.

Materia prima descartable

Las exitosas carreras de las actrices muertas ya habían reportado enormes ganancias en una industria donde las carreras son cada vez más cortas. Stylez y Luv trabajaron más de una década frente a las cámaras, mientras que la mayoría de las mujeres duran un promedio de tres meses.

“Todos los días una chica cumple 18 años y todos los días una chica quiere hacer porno. Nunca me voy a quedar sin chicas”, dice Riley, un joven de 23 años que dice ser agente de jóvenes para la industria pornográfica en el documental “Hot Girls Wanted”.

Riley dijo que recibe un flujo constante de chicas al publicar anuncios por internet en los que ofrece pasajes gratis a Miami, donde se concentra la producción de películas para adultos luego de que los estados de Nevada y California exigieran el uso de condones en las escenas de sexo explícito.

En Estados Unidos no hay restricciones federales contra la pornografía. El único requisito indispensable es tener 18 años cumplidos.

El actor porno, John Anthony, quien llevaba 5 años en la industria al ser entrevistado para el documental, aseguró que las carreras de las jovencitas que incursionan en el cine porno amateur es muy corta.  “Depende de como se promocione. En el peor escenario duran de uno a tres meses. En un escenario bueno de 3 a 6 meses. En el mejor de los escenarios, un año como máximo”.

El documental “Hot Girls Wanted” revela cómo las jóvenes se ven forzadas a grabar escenas cada vez más sórdidas para seguir trabajando.

Los dueños de internet

La mesa está servida para los monopolios de la industria del sexo: millones de personas consumen a diario videos porno, la tecnología permite subir y descargar material erótico a muy bajo costo, no hay regulaciones que normen las condiciones de trabajo ni pongan límite a los contenidos y hay miles de jóvenes deseosos de mostrar sus cuerpos y tener sexo a cambio de dinero.

Las estadísticas de Pornhub son impactantes: El sitio promedia unas 92.000 millones de vistas de videos al año. “Eso es alrededor de 12,5 videos por porno por cada persona sobre la tierra”, se jacta el sitio. También confirma que los hombres siguen siendo los principales consumidores de pornografía, al representar el 74% de sus usuarios que rondan los 35.5 años.

Otra característica del consumo de pornografía online es que el 72% el tráfico proviene de móviles como celulares y tabletas.

Pornhub publica resúmenes anuales donde ofrece información detallada sobre las temáticas preferidas por países, el tiempo promedio de las visitas y los actores preferidos por la audiencia.

Pero no mencionan las letras pequeñas de los contratos que Pornhub firma con las productoras que suben sus videos en la plataforma o el porcentaje de ganancias que cobran a las chicas independientes que trabajan vía streaming y que usan el sitio web para ampliar sus audiencias. Tampoco hay cifras ni datos relevantes sobre las políticas de bienestar para sus artistas. 

La actriz Shy Love, amiga cercana de Yuri, lamentó:  “Ser una estrella porno es un trabajo mucho más duro de lo que la mayoría imagina y desearía que las que chicas pornos recibieran más respeto por su esfuerzo”.

Yuri Luv tenía 31 años cuando murió de una aparente sobredosis en su piso en California.

¿Y qué hay para las chicas?

La mayoría de las chicas que se inician en el mundo de la pornografía lo hacen por dinero, aunque los honorarios varían dramáticamente de país en país. Mientras una joven puede ganar unos 800 dólares por escena durante sus primeros tres meses de trabajo en Estados Unidos, en España esa cifra baja a unos 100 euros (124 dólares) por video.

Pero a partir del tercer mes es difícil mantener ese nivel de ingreso debido al enorme flujo de nuevas aspirantes y un público cada vez más exigente. Así que las jóvenes que desean seguir en la industria deben aceptar trabajos física y emocionalmente más exigentes, que podrían incluir abusos y tratos degradantes.

El periodista español Ismael López aseguró en su libro “Escúpelo: crónicas en negro sobre el porno en España” que los actores de películas para adultos están expuestos constantemente a explotación, al maltrato y corren el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual, abusar de sustancias y tolerar condiciones que atentan contra su integridad personal.

El periodista Ismael López relata en primera persona los abusos de la industria del sexo.

En abril del 2016, un juzgado encarceló a uno de los pioneros de la industria porno online en España, Ignacio Allende Fernández, conocido como Torbe, por la supuesta trata de seres humanos, difusión de pornografía infantil, abuso sexual de menores y un delito contra la hacienda pública. Siete meses después Torbe salió en libertad condicional luego de pagar una fianza de 100.000 euros (124.000 dólares) aunque una de las testigos lo acusó de someterla a vejaciones sexuales extremas.

Algunas productoras obligan a las actrices a someterse cada 20 días a pruebas de ETS pero los costes de los laboratorios y de cualquier tratamiento es asumido por la trabajadora, no por la empresa contratante. Los gastos mensuales de una actriz sana puede llegar a los 300 dólares mensuales.

Las productoras no pagan las pruebas de laboratorio para asegurarse que sus artistas están libres de enfermedades de transmisión sexual.

La actriz porno Odette Delacroix ha denunciado las presiones “inaguantables” que tienen que soportar las artistas de la industria del cine adulto como el acoso online, la constante competencia con actrices más jóvenes, las actitudes prejuiciosas de la sociedas y el poco apoyo de sus empleadores.

Delacroix agrega que las actrices no se atreven a hablar de sus problemas mentales, sus desórdenes alimenticios, su alcoholismo o drogadicción por temor a no volver a conseguir trabajo.

Futuro incierto

Pocos avizoran que las empresas productoras mejorarán las condiciones laborales de las actrices del cine adulto aunque su popularidad trascienda el mundo del porno.

La profesora de historia Katrina Forrester señaló en un artículo para The New Yorker que no está claro quién se queda con el grueso de las ganancias de la pornografia, y cómo ese dinero se relaciona con el trabajo de los artistas y la manera como son tratados. Lo que sí le parece claro es que con el declive de la industria formal de la pornografía y el ascenso de las producciones amateurs producidas para Internet, los contenidos para adultos y las condiciones laborales de los actores serán cada vez más difíciles de controlar.

Los detractores de la pornografía aseguran que internet ha empeorado las condiciones laborales de las actrices porque las grandes plataformas controladas por MindGeek acaparan gran parte de los beneficios a través de las subscripciones y la publicidad, pero esas ganancias no se retribuyen a los que participan en la producción del video.

También aseguran que la masificación de la pornografía presiona a los artistas a realizar actos sexuales cada vez más extremos, lo que aumenta aumenta el riesgo de contraer enfermedades, a lesionarlos o causarles perjuicios emocionales.

Los investigadores Corita Grudzen y Peter Kerndt concluyeron en una investigación sobre la industria porno que la creciente popularidad del cine para adultos no se traducía en mejores condiciones condiciones del trabajo para los actores. “Es antiético para los ejecutivos de la industria, los legisladores y los consumidores continuar disfrutando de las ganancias, los ingresos fiscales y la gratificación del cine para adultos sin asegurar la seguridad de los artistas” advirtieron hace ya 10 años.

La aparición de nuevas ediciones de videos de Shyla Stylez, Yuri Luv, Olivia Nova, Olivia Lua y August Ames aún después de sus muertes abre nuevas interrogantes sobre la importancia del bienestar de las actrices que sustentan el cine XXX y el significado real que tienen para sus audiencias.

La directora de cine erótico Erika Lust propone luchar por una industria porno ética y legal que mire a la mujer y sus actrices como un sujeto y no como un objeto. (Foto: Instagram/Erika Lust)

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