sáb. Ene 19th, 2019

La insólita paradoja del gobierno venezolano: veneran estatua indígena y arrasan territorio pemón

Publicado por el servicios de noticias de Yahoo en Español.

Los venezolanos son mayoritariamente mestizos. Apenas el 2,8% de la población pertenece a un pueblo indígena, según las últimas cifras oficiales publicadas hace ya siete años.

Pero su importancia simbólica los coloca al frente de una nueva batalla mediática de la Revolución Bolivariana.

En la capital venezolana desvelaron una enorme estatua que exalta la dignidad de los pobladores originarios y en el selvático sur se enfrentan con los indígenas que han sobrevivido a siglos de persecución y abandono en un territorio que guarda una de las zonas más ricas en flora, fauna, minerales y agua del planeta.

La alcaldía de Caracas inició un proceso total de “descolonización” al desmontar la icónica estatua de Los Leones, que representaba el nombre histórico de la ciudad Santiago de León de Caracas, fundada el 25 de julio de 1567.

El conquistador español Diego de Lozada bautizó la recién creada ciudad con el onomástico que le correspondía de acuerdo al santoral católico, Santiago Apóstol, y la palabra que los nativos usaban para denominar el lugar.

Pero la alcaldesa del Municipio Libertador, Erika Farías, decidió borrar la impronta española que ha acompañado la ciudad durante 461 años y reemplazó a Los Leones con una estatua de resina de seis metros de altura de la Cacica Apacuana, una fiera guerrera de la tribu de los quiriquires que lideró enfrentamientos contra los colonizadores en los fértiles valles cercanos a la capital actual.

No es mucho lo que se sabe de los quiriquires porque fueron exterminados. Pero las referencias bibliográficas señalan que se enfrentaron al conquistador Garci González entre 1563 y 1580 en la zona centronorte de Venezuela, donde hoy se encuentran los estados Miranda, Carabobo y Aragua.  La ferocidad de los quiriquires en defender su territorio fue tal que los españoles lo llamaban “El Valle del Miedo”.

Diego Antonio de Oviedos y Baños, máximo representante de la corona española en Indias a finales del siglo XVI, mencionó la valentía de Apacuana en su libro Historia y Población de la Provincia de Venezuela. La describió como “hechicera y arbolaria” y también relató la manera cruel como fue colgada en un árbol “para que su cadáver moviese con el horror al escarmiento” a los otros miembros de su tribu y temieran al hombre blanco.

Pero en el acto revolucionario de descolonización no hubo rituales quiriquires para honrar a Apacuana. En cambio, los organizadores invitaron a miembros de la comunidad guajira, o wayúu, a bailar La Yonna, un ritual de equilibrio, solidaridad y armonía entre el ser humano y el cosmos.

La representación de un rito guajiro en la presentación de Apacuana no fue casual. El 57 por ciento de las 724.592 personas pertenecientes a los 52 pueblos indígenas de Venezuela son de la etnia wayúu, que habitan una amplia península en la frontera con Colombia.

Para los revolucionarios, el león simboliza el etnocidio perpetrado en América por los colonizadores españoles.

A los caraqueños mestizos no les hizo gracia el reemplazo de Los Leones, símbolo que usa hasta el equipo local de béisbol. Días antes de la presentación oficial, una lluvia de críticas inundó las redes sociales.

En una ciudad con escasez de alimentos, medicamentos, servicios públicos y donde el 70 por ciento de la población se encuentra en situación de pobreza, gastar dinero en una estatua de más de una tonelada fue considerado un despilfarro

El drama indígena

La armonía invocada por los Wayuú en Caracas no llegó al sur venezolano, donde ha aumentado la deforestación, la contaminación por mercurio y los enfrentamientos armados desde la creación del “Arco Minero del Orinoco”, una estrategia de desarrollo económico diseñada por el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, para explotar oro, coltán y diamantes en un área del tamaño de Suiza en plena Amazonia venezolana.

Aventureros, militares, empresarios, mafiosos y hasta guerrilleros colombianos luchan por los recursos del Arco Minero del Orinoco, un negocio fabuloso que crece en tierra de nadie. (La Nación).

La situación de los indígenas en el sur es compleja y desesperada.

Algunos grupos que se han aferrado a sus costumbres ancestrales se ven cada vez más acorralados al encontrar peligros inesperados en la selva.

Sus organismos no cuentan con los anticuerpos para protegerse con las enfermedades que llevan los mineros y los guerrilleros, a través del contagio directo o la contaminación de las aguas. Tampoco tienen acceso a medicamentos modernos como antibióticos ni armas de fuego para defenderse del acoso de los grupos armados y de la Guardia Nacional que supervisa la extracción mineral.

Un trabajador desciende a una mina subterránea de oro en la orilla de un río en El Callao, estado de Bolívar, Venezuela, el 24 de febrero de 2017 (AFP/Archivos | JUAN BARRETO)

Otros grupos indígenas que ya han perdido los conocimientos para subsistir solos en la selva se han unido a la minería ilegal y la delincuencia para sobrevivir.

El periodista Manuel Malaver denunció que efectivamente hay “pemones que participan en la minería ilegal y depredan el parque con la misma saña que lo hacen los pranes, guerrilleros, colectivos y militares, y la causa fundamental se encuentra en las políticas de un sistema eminentemente improductivo como el socialismo”.

Algunos pemones no han tenido otra opción que sumarse a la nueva colonización encabezada por chinos, rusos, guerrilleros colombianos y caza fortunas apátridas que tiene lugar en sus tierras ancestrales, donde se encuentra la catarata más alta del mundo, el Kerepakapai.

Los Caciques que se alzaron contra Maduro

Maduro acusó a los indígenas del ecocidio en el Amazonas y despertó la ira del Consejo General de Caciques del Pueblo Pemón, que se autodenomina líder de unas 30.000 personas pertenecientes a subgrupos de la etnia que se declaró en rebeldía a comienzos de diciembre.

Los caciques impidieron la celebración de las elecciones a concejales del 11 de diciembre y cerraron el paso por carretera hacia Brasil.

“Nicolás, demostraste que no fuiste a la escuela, que no estás preparado para ser presidente, porque nosotros no somos indios. Somos aborígenes, indígenas y habitantes de esta tierra ancestral. Fuera de aquí Nicolás, porque tú eres colombiano”, respondió el cacique pemón de Kumarakapay, Ricardo Delgado.

Los caciques pemones elevaron su nivel de confrontación al declarar persona non grata a los ministros de Energía Eléctrica, Luis Motta Domínguez, y de Defensa Vladimir Padrino López, a quien tildaron de mentiroso, cobarde y ladrón.

También exigieron retirar las operaciones militares en comunidades indígenas, luego de la muerte de un tiro en el estómago de Charlie Peñaloza Rivas, de 21 años. Acusan específicamente a agentes de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) del asesinato del joven pemón.

“¿Ese operativo era para desplazar a nuestros hermanos pemones de esa zona del Arco Minero para poder entregársela al régimen del presidente turco Recep Tayyip Erdogán, cuyo país es uno de los pocos lugares del mundo donde los “bolimalandros” de cuello rojo pueden esconder el oro que saquean a costa del mayor ecocidio ocurrido en la historia de la humanidad?”, peguntó el diputado de la Asamblea Nacional y Presidente del Parlamento Amazónico, Ramón Flores.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, condecoró al presidente turco Recep Tayyip Erdogan con la Orden del Libertador en Caracas el 13 de diciembre 2018. (AFP Photo/Yuri CORTEZ)

El grito de guerra pemón también llegó a la periodista Valentina Quintero, una de las 100 mujeres más inspiradoras e influyentes de 2018 según la BBC, quien también fue declarada persona non grata por su intromisión en los asuntos pemones luego de criticar en redes sociales lo que consideró un imperdonable crimen ecológico en la mina Campo Carrao.

La comunicadora dijo que asume la consecuencia de sus palabras pero que no se quedará callada.

El doble discurso

Para el wayúu pushaina Edwuind Pérez Palmar, profesor de la Universidad de los Andes, la situación de los pueblos indígenas venezolanos es precaria.

“El problema del despojo, la neoconquista y la desterritorialización ancestral se mantienen, ahora con nueva cara y amparada bajo un enfoque neocolonizador de tierras nativas que busca únicamente la extracción de recursos al costo de la extinción de las milenarias culturas indígenas que aún existen en el territorio venezolano” escribió en el diario El Nacional.

Los símbolos y vocablos indígenas son usados en distintas facetas de la vida revolucionaria. Una comuna y un premio de dramaturgia ya llevan el nombre de Apacuana.

Un hombre camina dentro de una casa invadida por la comuna Apacuana en Caracas. La foto fue tomada el 13 de noviembre de 2018. (REUTERS/Marco Bello).

Y mientras en las principales ciudades venezolanas la descolonización española y estadounidense es consolidada como un logro de la revolución bolivariana, los nuevos colonos del sur dejan sin tierra a los indígenas, quienes se suman a sus actividades delictivas, se ocultan en lo profundo de la selva o emigran a los refugios en ciudades brasileñas como Manaos, para salvar a sus hijos de la desnutrición y las enfermedades.

Niños indígenas venezolanos juegan en un refugio temporal en la ciudad brasileña de Pacaraima el 28 de febrero de 2018, (Foto AFP)

El cuerpo macizo y firme de la Apacuana de la estatua no se parece en nada a la famélica imagen de la mujer indígena venezolana del siglo XXI.

Apacuana mira firme al horizonte con una lanza en la mano para defender a la ciudad de los agresores. En el sur de Venezuela o en los refugios, a los indígenas no hay quien los defienda. (Foto captura de pantalla Alcaldía de Caracas)

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