Notas desde Oslo (II): Las raíces del colapso venezolano. Una mirada noruega al autoritarismo competitivo de Hugo Chávez

A nadie le gusta la muerte de un héroe. Ni ver películas sin un final feliz.

Quizás por eso cuesta tan explicar el colapso de Venezuela. Porque la fantasía de la construcción de un estado de bienestar basado en una democracia socialista participativa había calado hondo en la psique política del mundo. Muchos creyeron que la utopía de un país donde todos tenían derecho a la abundancia se había materializado en tierras venezolanas y reconocer que todo fue una farsa duele.

El politólogo noruego Leiv Marsteintredet comenzó a estudiar Venezuela cuando notó discrepancias entre lo que veía y lo que escuchaba de la boca del presidente Hugo Chávez. «Había una enorme brecha entre la realidad y la retórica del gobierno, sus fakes news y sus exageraciones».

Marstrintredet ya tenía experiencia en los discursos populistas latinoamericanos. Ha dedicado 15 años a la investigación de la democracia en América Latina, y comparte su trabajo de campo en Latinoamérica con sus responsabilidades como profesor de política comparada de la Universidad de Bergen, a unos 460 kilómetros al oeste de Oslo.

Al explicar la actual situación de colapso, las causas de la debacle y los posibles desenlaces de la situación de Venezuela usa un tono grave. Unos dirían que es descarnadamente realista y otros lo calificarían de pesimista.

El investigador se ciñe a sus observaciones y la esperanza no forma parte de esa ecuación. Piensa que hay demasiados factores que defienden el statu quo y apoyan la permanencia del mandatario Nicolás Maduro en el poder, aunque el deterioro se intensifique y aumente el sufrimiento de los ciudadanos.

El colapso en cifras

«Si Venezuela mantiene el status quo actual para el 2020 veremos una situación aún peor que la de Siria», dijo en un encuentro de la Asociación de Escuelas de Ciencias Políticas del Consejo Europeo.

Repasar la crudeza de la situación de Venezuela nunca está de más cuando se habla ante una audiencia europea que no sabe lo que es hacer una larga fila para comprar alimentos ni ha perdido a un ser querido por falta de asistencia médica.

Lo primero que Marstrintredet advierte que ya no usa gráficos para ilustrar la crisis porque  el deterioro es tan acelerado y profundo que «los arruinan», se vuelven incomprensibles, pierden su sentido.

Así que se afincó en indicadores económicos básicos, que una parte de la izquierda y la academia europea ha optado por desestimar como noticias tendenciosas que solo desean perjudicar los logros de la revolución bolivariana.

«Las cifras demuestran el colapso total: la hiperinflación en 2018 fue calculada en 1,7 millones. El FMI especula que en 2019 pudiera alcanzar 10 millones. Venezuela vive una de las hiperinflaciones más largas que ha visto el mundo. Ha durado al menos dos años. La mayoría de las hiperinflaciones duran entre 3 y 4 meses y luego se estabilizan», apuntó al iniciar a dibujar el dificil panorama venezolano.

Sobre el Producto Interno Bruto (PIB) señaló que se ha contraído un 50% en los últimos 5 años y que si al final del 2019 alcanza el pronóstico de un -65% en seis años se trataría de una de la economías más dramáticas de la historia. «Puede compararse con la caída de la Unión Soviética y varios de los países que dependían de la Unión Soviética. Puede ser comparado con países como Siria, que atraviesa una guerra civil, pero no existe una guerra en Venezuela. Es una crisis interna».

El tamaño de la economía también presentó una caída «enorme y drástica» al pasar de 334.000 millones de dólares en 2014 a 89.000 millones en 2019.

Para completar el cuadro, Marstrintredet dijo que desde el 2013 Venezuela ha reducido sus importaciones de alimentos, medicinas y equipos en un 80%. «Ese es el motivo de la escasez de alimentos y medicamentos en Venezuela. Hay mucha malnutrición, así que la caída de la economía tiene un alto costo humano».

Recordó que Venezuela es un país petrolero como Rusia y su Noruega natal. En 1999, cuando Hugo Chávez comenzaba su revolución, la producción petrolera venezolana alcanzaba los tres millones de barriles diarios, mientras que en el 2019 la producción apenas alcanza los 732 mil barriles diarios. «Produce un 25% de lo que solía producir y el 95% de sus ingresos provienen del petróleo», dijo el profesor.

Para Marstrintredet lo importante es cuantificar el costo social de la contracción de esos indicadores económicos.

Mientras en 2010 uno de cada cuatro venezolanos se encontraba en niveles de pobreza, en 2019 nueve de cada 10 venezolanos es considerado pobre.

«El salario mínimo, que es el ingreso que puede tener un empleado público, un profesor de universidad como yo, es de 3 dólares mensuales. Ese salario tan bajo es producto de la hiperinflación. ¿Pero qué hacen 9 de cada 10 personas que son pobres o extremadamente pobres? Pues migran».

Marstrintredet dijo que Venezuela es un país de unos 30 millones de habitantes y al menos 10 por ciento de la población ha abandonado el país. «La cifra de Naciones Unidas de 3,4 millones de migrantes pudiera alcanzar los 5 millones al final de 2019».

Una persona que trabaja en los campamentos de refugiados en Colombia dijo que estimaba que la mitad de la población venezolana terminaría abandonando el país.

La salud es uno de los sectores más afectados. «Venezuela tenía uno de los mejores programas de vacunación de Latinoamérica. Las enfermedades han regresado. Hubo un caso de sarampión entre 2014 y 2015. Desde el 2017 se han registrado 9.300 casos. La malaria ha crecido 10 veces».

Marstrintredet también mencionó las graves fallas de los servicios públicos, especialmente el desmantelamiento del sistema eléctrico por falta de mantenimiento que ha dejado durante horas al país entero sin electricidad

«La situación es muy oscura. Es literalmente oscura», dijo.

El nacimiento del autoritarismo competitivo

A diferencia de otros académicos que describen el deterioro de la situación venezolana a partir de la llegada al poder de Nicolás Maduro, Marstrintredet responsabiliza directamente a Chávez por encabezar un régimen autoritario competitivo que eliminó los mecanismos de autorregulación que una democracia liberal.  

misionchavezcandanga

Publicado el 15 dic. 2012

El académico explicó que aunque los chavistas alegan que la democracia venezolana se fortaleció con la masiva participación ciudadana en todos los procesos electorales organizados por Chávez, en realidad ocurrió todo lo contrario.

Marsteintredet propone que la democracia consta de los elementos liberales como el estado de derecho, el constitucionalismo y la separación de poderes, y los elementos participativos como el derecho a votar y la competencia entre partidos políticos.

La revolución bolivariana desmanteló los elementos liberales de la democracia y esa erosión institucional iniciada desde el comienzo de la revolución fue lo que derrumbó al país petrolero que abrió los brazos a los perseguidos durante las férreas dictaduras del sur del continente durante la década de los sesenta y setenta.

«Chávez argumentó que la democracia liberal había fallado, entonces la desechó. Usó retórica populista para vincular a la democracia liberal con las élites y la corrupción, distanció las instituciones como la asamblea y los partidos políticos del pueblo, diciendo que no eran representativos del pueblo».

Para afianzar su poder, Chávez creó una nueva constitución que le dio el derecho a ser elegido, debilitó los partidos políticos y le dio la oportunidad de designar nuevas autoridades en las instituciones que defienden el estado de derecho y que son las responsables de controlar el poder presidencial y judicial. «Chávez atacó el estado de derecho al renovar todas las autoridades que podían controlar el poder, que es la base del constitucionalismo».

Marsteintredet afirma que Chávez se convenció que había alcanzado el nivel más elevado de democracia participativa, «donde él, el líder, podía encarnar la voz del pueblo». Un pueblo que no conocía de distinciones porque todo el que disentía era excluido.

Y en medio de una popularidad inmenso, Chávez creó su democracia participativa, que el profesor denomina régimen autoritario competitivo porque no tiene mecanismos para resolver diferencias. En la revolución bolivariana estás adentro o afuera y estar afuera significa estar contra la patria.

Populismo, corrupción e incompetencia

Para explicar las raíces económicas y políticas del colapso hay que mencionar que Chávez no solo necesitaba controlar el sistema judicial, acaparar el poder de la Asamblea Nacional y ganar de manera amplia las elecciones. También era importante controlar Petróleos de Venezuela y el Banco Central de Venezuela.

El colapso de Venezuela también ha estado alimentado por la incompetencia y la corrupción, según Marsteintredet. La popularidad del chavismo no sólo se cimentó en el carisma del líder sino en la enorme cantidad de ingresos adicionales que percibió la revolución gracias el prolongado auge de los precios del petróleo.

Los recursos fueron repartidos parcialmente al pueblo y también le permitieron endeudarse en Wall Street y en China.

La bonanza catapultó su popularidad y «le dio la oportunidad de incrementar el nivel de corrupción sin perjudicar a la gente. Con ese crecimiento, el pueblo estaba experimentando un aumento en su nivel de vida aunque el país estaba siendo gobernado de una manera ineficiente», dijo Marsteintredet.

Con el nacimiento del estado socialista en 2006, Chávez tenía cada vez más control de la economía. Si tenías acceso al gobierno podías hacer grandes fortunas especulando con el diferencia entre la tasa de cambio oficial y la del mercado negro producto del control de cambios.

«Pero quiero enfatizar que eso fue posible por los cambios constitucionales realizados en 1999, que le permitió renovar el poder judicial, debilitar a los partidos políticos y aumentar el poder presidencial. No había nadie que controlara el consumo del gobierno. Tener un Banco Central politizado ayuda si quieres robar del estado», denunció.

Aplastar a la OEA para defenderse de los ciudadanos

En el plano regional, Chávez creo instituciones como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) para atacar a la Organización de Estados Americanos (OEA) y proteger a los presidentes de sus ciudadanos.

«El orden liberal era defendido por la OEA que protege el sistema interamericano de derechos humanos en América Latina, que es el equivalente de la Comisión Europea de Derechos Humanos y la Corte Europea de Derechos Humanos. También es la institución que debería proteger la democracia».

Los nuevos organismos no tenían una convención de derechos humanos, ni mecanismos para proteger a los ciudadanos del estado. «De hecho esas instituciones fueron creadas para proteger a los gobernantes de sus ciudadanos», como la defensa de los líderes de UNASUR al presidente boliviano Evo Morales después de una ola de protestas en 2008.

El fin de la farsa

Entre los científicos sociales existe un intenso debate sobre la legitimidad de la revolución bolivariana. Unos la critican por la vulneración del estado de derecho y otros la defienden por el apoyo electoral.

«Y este debate puede durar años porque Hugo Chávez era popular. Entonces tienes la tensión perfecta entre el componente liberal de la democracia, que es el estado de derecho, y el componente popular de la democracia», dijo Marsteintredet.

El estado de derecho existe para proteger a las minoría, para controlar al gobierno y decirle que no puede hacer todo lo que le da la gana. «Pero el argumento en Venezuela y también en Noruega es que era un presidente democráticamente electo. Era popular. Entonces el argumento de las mayorías triunfaba sobre el argumento liberal».

Para Marsteintredet el problema con la democracia participativa es que funciona con la concepción de pueblo como una masa uniforme y eso podría funcionar siempre y cuando el gobierno esté respaldado por una inmensa mayoría.

Chávez logró gobernar bajo ese paradigma porque su popularidad le permitió ganar elecciones y referéndum, y eso legitimaba a Venezuela como una nación democrática.

Pero en la democracia participativa de Chávez las diferencias y desacuerdos no se podían dirimir porque para ello es necesario instituciones donde todos estuvieran representados. Y eso, en una democracia liberal, se hace mediante una serie de partidos políticos y la prensa libre.

«¿Pero qué pasa cuando la mayoría se convierte en minoría? ¿Cómo resolvemos los desacuerdos cuando has debilitado a todas las instituciones donde se pueden expresar las diferencias de todos los ciudadanos?«, se pregunta Marsteintredet.

El desenlace de esta democracia falsa ocurrió en diciembre de 2015 cuando la crisis ya había llegado, cuando el presidente Nicolás Maduro solo tenía el 25 o 30 por ciento de popularidad y pierde una elección importante por primera vez.

La oposición ganó dos tercios de representación en la Asamblea Nacional. En una democracia liberal con esos escaños en el parlamento los diputados pueden cambiar la constitución, pueden remover a un presidente, pueden elegir a una nueva directiva del Tribunal Supremo de Justicia.

Allí es donde la revolución venezolana se quitó la careta democrática y apareció la realidad. «Los diputados de la oposición quisieron ejercer su poder pero no pudieron porque las instituciones que permitirían los cambios estaban debilitadas».

«Y eso explica por qué en Venezuela hay dos presidentes. Juan Guaidó es el líder de la oposición. Usó la constitución para decir que la elección de Maduro fue ilegitima, que el puesto de presidente está vacante porque Nicolás Maduro es un usurpador y cuando el puesto está vacante recae en el presidente de la Asamblea Nacional como presidente interino. Ese es un argumento democrático clásico que dice que cuando el líder ha defraudado al pueblo, el pueblo recupera el poder y lo relegitima con unas nuevas elecciones.».

Por eso 50 países que apoyan a Guaidó y las naciones no democráticas apoyan a Maduro.

El criminal acorralado

Y desde ese momento, la crisis doméstica se convirtió en una crisis internacional. Han existido intentos de diálogo, sanciones de Estados Unidos que empeorado la situación económica, las sanciones petroleras que indican que ahora Venezuela solo le vende a China e India, el aislamiento de Venezuela tras su expulsión de la OEA.

Pero también lo que un día Chávez llamó democracia participativa se ha convertido en un régimen forajido que no puede renovar su legitimidad mediante elecciones.

Entonces Maduro se quitó la máscara y decidió mantenerse en el poder invitando a las guerrillas y organizaciones criminales de Colombia a controlar parcialmente el país, a dirigir minas ilegales para generar ingresos para el régimen que ahora es sancionado. Marsteintredet dice que el oro extraído ilegalmente es vendido en Turquía.

Hasta hace un par de meses el conflicto permanecía congelado por la participación de las grandes potencias. Por un lado, Estados Unidos y la Unión Europea apoya a Guaidó y por el otro Rusia, Cuba y China apoyan a Maduro.

Marsteintredet no ve salidas a mediano plazo. Explica que aunque muchos dicen que la crisis de Venezuela es insostenible, en la práctica hay lugares como Siria que llevan años viviendo en una situación límite.

Sin héroes ni final feliz

Para el profesor noruego existen tres posibles desenlaces. Ya no hay héroes ni finales felices. Sólo reparaciones transitorias para comenzar un largo y complicado camino hacia la reconstrucción.

Un escenario sería una intervención militar estadounidense, que considera improbable por el tamaño de Venezuela y el contrapeso de Cuba y Rusia.

Un segundo escenario sería algún tipo de transición hacia la democracia que implique el fin del gobierno de Maduro mediante una salida ordenada y negociada entre el poder saliente y el entrante.

Esa opción, que es lo que espera la mayoría, le parece difícil por la naturaleza delictiva del gobierno de Maduro. «Con la criminalización de los que detentan el poder, que están involucrados en la minería ilegal pero también el tráfico de droga Venezuela, que se ha convertido en el principal exportador o al menos transportista de cocaína a Estados Unidos, es difícil ver que estas personas están dispuestos a negociar la perdida de estos lucrativos ingresos».

El tercer escenario es un golpe militar tradicional. Pero este desenlace tampoco acercaría a Venezuela a la democracia porque los militares venezolanos están alineados con Rusia, Cuba y China.

Para Marsteintredet lo más factible es que se mantenga el statu quo, con el consecuente deterioro de la situación y el aumento de la migración. «Eso significa que el colapso solo empeorará».

El científico social no se aventura a especular cómo la crisis migratoria venezolana afectará la democracia en América Latina. «Es una pregunta abierta pero para finales de este año, la región ahora tiene que enfrentar una crisis migratoria enorme que a finales de este año alcanzará los niveles que hemos visto en Siria».

Los venezolanos confrontaron las «fakes news» del gobierno boliviariano cuando debieron enfrentarse a la dura realidad de su vida diaria. Pero los costos sociales fueron enormes cuando los observadores internacionales y el pueblo venezolano finalmente descubrieron que el régimen chavista estaba sustentado en engaños.