Notas desde Oslo (IV): «Las sanciones de EEUU son un desastre»

Como «desastrosa» calificó la politóloga noruega Benedicte Bull la orden ejecutiva emitida el lunes por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que impone sanciones económicas adicionales al gobierno de Nicolás Maduro para sacarlo del poder.

«No sé si va a entorpecer los esfuerzos de Noruega, pero sí creo que son un desastre. También va a afectar fuertemente al sector privado venezolano, Y probablemente causar más pobreza y miseria sin resolver nada«, expresó el martes la profesora del Centro de Desarrollo y Medio Ambiente de la Universidad de Oslo y directora de la Red Noruega de Investigación sobre Latino América.

En su cuenta de Twitter @BenedicteBull, la académica también señaló que «aunque Maduro es el objetivo, el embargo afectará a todos en una economía tan dominada por el estado como la Venezuela. Es como dejar que un francotirador use una escopeta. El resultado es una mayor criminalización de la economía y la pobreza».

Bull, quien es experta en las relaciones del sector empresarial con los estados y su impacto en el desarrollo económico, la equidad y la paz en América Latina, advirtió que con el bloqueo impuesto por Estados Unidos «las empresas extranjeras tendrán miedo a ser sancionadas por hacer transacciones con venezolanos, sean quien sean».

Washington anunció el lunes que todos los bienes e intereses del gobierno venezolano en Estados Unidos serían bloqueados y no pueden transferirse, pagarse, exportarse, retirarse ni negociarse.

Bull considera inevitable que las sanciones tengan un efecto negativo en el sector privado. «El gobierno es tan importante en tantos ramos que casi todos tienen alguna relación con empresas gubernamentales».

Conversación en Oslo

Días antes, durante una conversación en Oslo, la politóloga me explicó que una de las dificultades del proceso de mediación que facilita Noruega entre los representantes de Maduro y de la oposición era el enorme poder que el petróleo le otorga al estado venezolano.

«Eso cambia todo el escenario porque, por ejemplo, en Guatemala o el Salvador, el estado no tiene mucho poder porque no tiene recursos, dependen de la relación con el sector privado para obtener recursos», señaló.

En Venezuela sucede lo contrario. A pesar del deterioro actual de la industria petrolera, el estado venezolano está presente en todos los sectores de la economía y es prácticamente imposible funcionar si él. Las instituciones financieras internacionales lo pensarán dos veces antes de aprobar algún tipo de transacción con el empresariado nacional.

Bull ha señalado que la política exterior de Noruega con respecto a Cuba es diametralmente opuesta a la de Estados Unidos, porque ha mantenido un contacto fluido y ha intentado cambiar las cosas desde adentro, sin imposiciones ni acciones violentas, aunque reconoce que no siempre han tenido éxito.

La investigadora considera positivo que uno de los integrantes del equipo que ahora en Venezuela estuvo cuatro años en Cuba y conoce muy bien cómo funcionan las tensiones regionales. «Eso ha sido importante. Estados Unidos ha jugado las cartas de manera un poco extraña. Son muy torpes ahora».

Y mientras la posición de Rusia sobre la crisis venezolana aún no está demasiado clara, China permanecerá en Venezuela sin importar quién esté en el poder.

Moscú probablemente asumirá una posición pragmática porque el dinero que mantenía la relación comercial de la ventas de armas se acabó y las inversiones petroleras también están mermando. «Han sido esa arena para mostrar que son un poder mundial todavía, aunque en realidad no lo sean. La economía rusa tampoco es muy fuerte. Pero es difícil de predecir hasta cuándo van a estar firmes con Venezuela. ¿Qué van a hacer cuando les cueste demasiada plata apoyar a Venezuela? Ellos no son una potencia que tienen los recursos para estar allí 50 años como hacen los chinos. Los chinos sí están allí para quedarse».

La fortaleza del silencio

«Noruega comenzó construyendo puentes para la paz, pero luego de varios fracasos se dio cuenta que lo mejor es cavar túneles para sortear los obstáculos que hay en la superficie», dijo Bull sobre el trabajo de su país en otros procesos de mediación.

Relató que normalmente el gobierno de Noruega, la academia y la sociedad civil tiene una comunicación muy fluida sobre prácticamente todos los temas, pero sobre el caso de Venezuela no se ventila absolutamente nada.

La costumbre de callar para construir la paz la aprendieron de sus errores en el manejo de otros conflictos difíciles como en Sri Lanka, donde fracasaron de manera rotunda. «En ese entonces Eric Solheim era ministro de Desarrollo y Medio ambiente. Andaba de alto perfil y fue muy criticado y allí aprendieron la importancia de tener un perfil muy bajo».

Desde entonces, los noruegos hacen hincapié en el trabajo de equipo y no de un individuo para lograr la paz. Los integrantes de ese grupo poseen altas calificaciones técnicas y trabajan de manera sistemática y profesional a largo plazo. No alardean sobre sus pequeñas victorias. Van avanzando de manera lenta y callada «y lo hacen con éxito».

Bull aseguró que los noruegos no desean ver ningún tipo de filtración sobre el proceso en la prensa. «Yo no sé nada de lo que ocurre en las negociaciones»

Sobre las imprudencias de las delegaciones que representan a Nicolás Maduro y los partidos políticos opositores, Bull expresó: «Dicen que ha sido un desafío enorme porque las cosas se filtran por todos lados y puede ser muy dañino. He leído en el ABC de España sobre la agenda que estamos discutiendo. El hecho que ya sabemos de las negociaciones no fue por Noruega. Los noruegos no querían eso. Como lo hicieron en Colombia, no decían nada hasta que hubo anuncios. Ocurrió como tres días antes de la conferencia de prensa, con todas las FARC a las afueras de Oslo. Una semana antes nadie sabía nada».

La politóloga dijo que las negociaciones secretas para la paz en Colombia duraron al menos un par de años. Todo lo que circula en los medios sobre el proceso venezolano «no ha salido de la boca de los noruegos».

Pero el caso de Venezuela tendrá sus desafíos porque no existe ningún tipo de precedente. «El autoritarismo ha llegado paulatinamente, ha sido un proceso muy largo. No fue un golpe de estado como en Chile, ha sido un proceso muy largo, y eso complica las cosas».

El tiempo de los moderados

Una de las estrategias de Noruega podría ser el fortalecimiento de una clase de dirigentes más moderados que pudieran participar en un acuerdo político para luego llamar elecciones. Eso explicaría los rumores, no confirmados, que el líder opositor Juan Guaidó y el político chavista Héctor Rodríguez serían los potenciales candidatos en unos eventuales comicios posteriores a un acuerdo.

«Porque con referéndums ahora, sin renovar la institucionalidad no veo cómo puedan funcionar. Eso lo hicieron en Chile, pero ahora en Venezuela un referéndum es imposible, porque si el gobierno controla el CNE, controla todo el sistema es muy difícil».

Bull descarta que los negociadores permitan a Maduro instalar una «mesa permanente de diálogo con la oposición» como hizo el presidente Hugo Chávez en el pasado. «Es obvio que esa no es la solución».

Olvidarse de lo robado

Aunque todos las dificultades parecen insalvables, Bull considera que es posible ganar el apoyo de la clase empresarial que se ha lucrado del chavismo.

 «Es un tema complicadísimo. Pero como se demostró el 30 de abril , la gente que ha hecho mucha plata también están cansados del diálogo y estarían dispuestos a negociar. Yo creo que ese es un problema que se puede solucionar».

Uno de los desafíos es que hay mucha gente que depende de que Maduro o el Chavismo permanezcan en el poder. «Es como un mexican stand off, un sistema creado por dependencias y clientelismo», donde también hay que sumar el factor militar.

Y para lograr que haya un cambio político, es necesario hacer concesiones. «Quizás el acuerdo pudiera no ser muy lindo, pero podría ser un acuerdo que funcione. Hay que aceptar que los ladrones se van a quedar con bastante».

Indisposición militar

Sobre la presunción de que los militares no forman parte del actual proceso de negociaciones, Bull cree que es «preocupante pero entendible».

Si el ministro de la Defensa de Maduro, Vladimir Padrino López, y otros altos jefes militares, no están en la mesa de diálogo no es por decisión de Noruega sino porque ellos así lo prefirieron.

«Por ejemplo, en Colombia los noruegos trabajaron durante 10 años antes de las negociaciones. De hecho, nuestro instituto estuvo involucrado en un trabajo muy sistemático con los militares sobre derechos humanos y estuvieron muy incluidos en las negociaciones. De hecho fueron muy importantes para llegar a un acuerdo».

Sobre las actuales conversaciones en Barbados, Bull dijo desconocer por completo las razones para no incluir a Padrino López ni a Diosdado Cabello pero infiere que es porque no han estado muy dispuestos a negociar.

«Son los hardliners. Es complicado trabajar con ellos y los noruegos han intentado trabajar con los moderados de los dos lados, del chavismo y la oposición. Porque tampoco está María Corina (Machado) ni otros actores» de línea dura, dijo.